Crónica de una jornada de tensión: El reclamo vecinal que el oficialismo no pudo silenciar
Lo que debió ser una jornada de debate institucional sobre el futuro del Vertedero Municipal, se transformó en un escenario de hostilidad y resistencia ciudadana. Mientras los medios convencionales se centraron en las idas y vueltas del pliego técnico, los vecinos del Sur —quienes convivimos diariamente con el humo y la desidia— vivimos una realidad marcada por la organización propia y la violencia externa.
Una movilización genuina y autogestionada
Desde temprano, la presencia de los vecinos en el Concejo Municipal se hizo notar. A diferencia de otras movilizaciones, esta no contó con banderas políticas ni traslados financiados. Fuimos nosotros, en nuestros propios vehículos y organizados por grupos de WhatsApp, quienes llegamos con carteles hechos a mano para exigir lo que es un derecho básico: el cierre definitivo del vertedero.
El clima inicial, de un respeto absoluto por la institución, pronto se vería contrastado por la dinámica de la sesión.
La Banca del Vecino
El momento más crítico de la mañana fue la exposición de Lihue en la Banca del Vecino. Con un relato crudo y fundamentado, expuso la realidad sanitaria que enfrentan nuestros barrios: enfermedades respiratorias graves y casos fatales vinculados directamente a la contaminación del predio.
Sin embargo, el derecho a la voz ciudadana fue vulnerado sistemáticamente. El discurso de Lihue fue interrumpido en reiteradas ocasiones por sectores que buscaban opacar el reclamo. Lo que debió ser un espacio de escucha para quienes ponen el cuerpo a la crisis ambiental, se convirtió en un intento de silenciamiento hacia quienes reclamamos por nuestra salud y la de nuestras familias.
Un arbitraje cuestionable
Se permitió que voces ajenas interrumpieran constantemente a los ediles que apoyaban la postura vecinal.
Se aplicó un rigor desmedido para callar a quienes cuestionaban los puntos oscuros de un pliego millonario que el oficialismo intentaba imponer.
Hostilidad en los pasillos y violencia física
La tensión no se limitó al recinto. Durante los cuartos intermedios, el clima se volvió violento. Personas ajenas a la causa vecinal, que aparecieron de forma espontánea, increparon a las vecinas con insultos y empujones. Se llegó al absurdo de cuestionar nuestra identidad, acusándonos de no vivir en los barrios afectados, cuando entre nosotros nos conocemos de cruzarnos cada mañana al salir a trabajar.
Conclusión: El pliego vuelve a comisión, el reclamo sigue en la calle
Finalmente, el pliego no se votó y regresó a comisión. Para nosotros, no es un triunfo definitivo, sino una pausa necesaria. No aceptamos parches de diez años para un problema que nos está matando hoy. Seguiremos defendiendo nuestro territorio y nuestra salud, con la misma autonomía y firmeza que demostramos en esta sesión.